La Peor Boda del Mundo

Jueves, abril 7, 2016

Fui a la Peor Boda de el Mundo

¡En serio!

Les platico, primero me llega una invitación de dos amigos míos, curiosamente el novio y la novia son muy buenos amigos míos, por lo tanto dije: “Ok tengo que ir, bah”.

 

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A lo largo de la preparación de su boda ya lo veía venir, lo muy a la ligera que estaba organizada esta boda y del desastre en el que se iba convertir. Pero, como les digo, son buenos amigos y tendría que ir para ver el carnaval caos que eso sería. Acto seguido me informan del lugar y fecha para la boda… Por principio de cuentas era en un lugar olvidado de la civilización a no se cuantas horas manejando, en fechas donde no solo todo mundo se casa, sino que es el inicio de vacaciones, todo está reservado y las carreteras son una locura.

 

 

Emprendí el viaje con 3 personas de confianza hacia la boda de nuestros amigos, para comenzar la aventura, nos perdimos en el camino. Tomamos una ruta que nos saco a una carretera libre, haciendo una parada de emergencia en un “pueblo mágico”, de esos muy limpios, muy tradicionales, que se jactan de no tener un cajero automático, tan tradicionales que al llegar casi somos arrollados por una cabalgata de alrededor de 150 jinetes acompañando una banda. No tuvimos de otra más que llegar a comer lo que había en el pueblo, al estacionarnos nos encontramos una taquería ¡Qué, bueno! parecía que cada taco lo hacían artesanal, con el hambre que traíamos eso fue una eternidad, parecía que los tacos los estaba haciendo tu abuela: Con tortilla hecha a mano, guisados, carne y de esa salsas que solo encuentras en los pueblos perdidos y olvidados de Dios, donde ninguna es medianamente igual a la otra, preparada con esos chiles que se dan en huertos detrás de la casa cortados y curados por la señora, misma que prepara mientras platica con cualquier persona que va cruzando, a un par de cuadras adelante y al pie de un convento viejo y arrumbado. Una señora vendía sus  Corundas en una esquina, más baratas que un refresco de lata y nos ofrecía de una manera cínica su comida bañada en salsa y crema del día. ¿Qué le pasa? La cual terminamos probando.

 

 

 

Siguió nuestro camino hasta otro pueblo mágico muy cerca de Querétaro, ya saben con sus calles angostas, empedradas, y su despliegue de arquitectura y tradicionalismo en cada imagen a donde voltearas como diciendo: “Miren que padre somos” Nefasto. 

 

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Pero bueno, llego la hora de el drama, ya saben: Correr, la misa, los tacones, el vestido, la cinta, los novios, las mamás, la cena de tres tiempos fría … ¡Una Boda!

Nuevamente nos perdimos, a lo lejos escuchábamos música, música de banda, ¡Exacto! ¿Quién en su sano juicio a menos que seas una luchona y te guste el “rancho” pone a una banda al momento de finalizar su ceremonia de votos?

Algo no estaba bien, pero siguió la ceremonia, comenzó el brindis bajo un atardecer de primavera en el cual cualquiera podría enamorarse, entre cerveza helada y espumosa, con una banda sinaloense tocando, un par de novios que no se veían nerviosos, ni con llanto, ni con la idea de quedar bien con nadie, más que compartir con su familia, amigos y gente que aman. Con una mesa grande y cómoda que se postraba dentro de un iluminado toldo con faroles y focos, impregnado de olores de paella, mezcal, vino, dulces, madera y perfume.

 

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Vi celosamente como todos se fueron sentando a lo que me costaba creer que era una boda, y si lo era, era la peor a la que había ido en mi vida, ¿por qué? Porque faltaron muchas cosas para ser llamada una boda como muchos la conocemos.

No llegaron los vestidos largos que terminaran sucios de crema y lodo, no llegaron los tacones que con envidia querían ser el centro de atención de la noche, no llegó el venado, el payaso de rodeo, la ceremonia del ramo, el baile del billete, no llegó el tío ebrio a decir unas palabras, ni el hermano ebrio amenazador, no llego el mesero con un plato frío y bebidas fuertes para que no pidas más, no llegó la novia a tomarse fotos con la mesa y abrazar temerosa a los comensales por miedo a arruinar su vestido, no vi la mesa de honor alejada de los amigos de los novios, no vi a los invitados discutiendo, ni a la típica pareja que va bodas a no hablarse en toda noche más que para tomarse una selfie para Facebook y decir que son felices.

 

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Vi cosas que no pasan en las bodas, (que casi me dan ganas de no casarme) Pero si me fuera a casar espero que su boda también sea tan horrible como a esta boda que yo acabo de ir, ese momento de compartir y no de pretender es algo que no había visto en muchas de las últimas bodas a las que he ido.

 

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El amigo del Novio.

 

PD: Me caí en esa boda, pero fue tan diferente a todas que cuando pasó, nadie estaba checando su Facebook o Instagram. Así que me salve de la foto.

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